Madrid, viernes 16 de noviembre

El Presidente del Madrid y el capitán del Madrid estaban evidentemente incómodos. Sentados uno al lado del otro, no terminaban de ponerse a gusto en las poltronas dispuestas para ellos en aquel consultorio.Doña Alba, al frente, no decía nada. En general, disfrutaba viendo el comportamiento de quienes deben soportarse a sí mismos fuera de su zona de confort.

—Gracias por venir, “Presi” —dijo al fin Ramos, tímido y sonriente—. Yo sé que esto no es muy usual: que uno lleve al “jefe” a la terapia, pero fue algo que se me ocurrió, un poco en broma, un poco en serio. Doña Alba me dijo que le parecía una buena idea.

 

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Ramos piensa en su retiro

(Lectura estimada: 2 min 55 s)

—Y yo que pensé que siendo viudo me salvaría de tener que ir a una terapia de pareja.

Todos rieron. Cuando dejaron de hacerlo, la incomodidad en el ambiente se acentuó. El capitán del Madrid no sabía por dónde empezar. Florentino, acostumbrado a liderar las conversaciones, no estaba seguro de si debía mantenerse en silencio. Alba gozaba con la situación.

—Llevo viniendo a esta terapia… ¿qué será, doña? ¿Un año? —intervino Ramos pidiendo ayuda a la psicoanalista. La mujer asintió—. Y con doña Alba hemos hablado de todo, de lo divino y lo humano: de la familia, de los caballos, del fútbol, del club, de la Selección… Estamos como en un proceso… un proceso para sobrellevar mejor ciertas situaciones o ciertas dificultades que nunca faltan.

—Espero que no hablen mucho de mí en esta terapia, porque no tendrían muchas cosas buenas de qué hablar —bromeó Florentino.

El jugador, que ya había comenzado a entrar en materia, sonrió por cortesía y continuó:

—Sí que es verdad que aquí hablamos mucho del club, de las cosas que pasan a diario, de lo que significa el Madrid para mí. Obviamente, también hablamos de los momentos no tan dulces, como los que vivimos últimamente, de los resultados, de todo esta gran crisis que viene desde el Mundial. Parece que no nos sale ni una.

—Vamos —animó Florentino—, tú sabes que estos momentos siempre llegan, y que si alguien sabe reponerse somos nosotros.

—Sí, “Presi” —respondió Ramos—, pero yo siento que esta vez es diferente. Venimos del fracaso en Rusia. A Lopetegui lo cesaron y nos fue como nos fue. Y ahora tambien lo han destituido del Madrid…

Florentino reviró de inmediato:

—Pero… ¿pero qué otra opción teníamos? Así funciona este mundo. Un entrenador del Madrid con esos números no podía seguir en el banquillo…

—Yo lo sé, “Presi”… —detuvo Ramos a Florentino—. Yo lo sé. No estoy cuestionando la decisión… Lo que quiero decir es que han sido unos palos duros, y así como alguna crítica le cabrá el míster como Seleccionador y como técnico del Madrid, algo me tocará también a mí. Yo he sido el capitán de ambos equipos. Yo he portado el brazalete en los fracasos de estos últimos meses. El fusible más fácil de quemar siempre es el del entrenador, pero eso no me quita responsabilidad.

El Presidente del Madrid hizo lo previsible: le echó flores a Ramos.

—Te juzgas con mucha dureza. Tú eres un símbolo de la Selección y del Madrid. Este país y el madridismo te deben sus más grandes títulos, no es que tú les debas a los demás por los más recientes y coyunturales fracasos.

—De eso hemos hablado en la terapia… Yo sé que a estas alturas nadie me puede quitar lo baila’o… Pero también me he preguntado si es momento de dar un paso al costado… No digo que lo vaya a hacer, pero igual me lo he cuestionado… Por eso he querido hablar contigo, “Presi”, en este escenario. Yo quiero saber qué piensas, de verdad.

Florentino trastabilló.

—Yo… yo… pienso… eh… que tú eres el líder del Madrid y de La Roja. Aún tienes… tienes mucho que aportar… y es mucho lo que… es mucho lo que en este club aún queremos de ti.

Ramos observó a doña Alba, buscando una señal que le permitiera interpretar el titubeo de Florentino. Ella le devolvió la mirada, pero para analizar la reacción del jugador ante las palabras vacilantes del Presidente del Madrid.

‘Se me culpa de la crisis’

(Lectura estimada: 2 min 46 s)

—Yo sé la edad que tengo —retomó Ramos con seriedad—. Cuando acabe esta temporada serán 33 años. Cada día que pasa es un día menos en mi carrera, un día más hacia el retiro… Es difícil pensar en eso porque me siento con fuerzas. Estoy bien físicamente. Es como si a ti, “Presi”, te dijeran que, por la edad o porque llevas muchos años, tienes que dejar la Presidencia del Madrid. ¿Cuánto llevas dirigiendo al club? Tenemos casi los mismos títulos, ¿no? Yo no me atrevería sugerir que te fueras, si te sientes con la misma capacidad y la misma energía. Tú has logrado muchas cosas para el Madrid y te has ganado el derecho a decidir cuándo retirarte.

Florentino recibió con suspicacia aquel último comentario. O Ramos estaba usando la comparación de manera genuina, o estaba hablando de él mismo, o le estaba lanzando una indirecta,

—Yo no sé cuándo tendrás que retirarte —dijo el Presidente del Madrid—, pero no es algo que deba suceder ahora mismo… Mmmm… Lo hablaremos en su momento… Cada cosa tiene su debido tiempo y lugar… ¿Cómo voy a saber yo cuándo debes irte? Ya sabrás decidir. Tu cuerpo sabrá avisar.

El nerviosismo de Florentino estaba justificado. Una de los asuntos que más complicaciones le había traído era la salida precipitada y brusca de sus futbolistas estrella. Muchos lo culpaban por el adiós antipático y frío de dos leyendas del madridismo como Casillas y Cristiano.

De dientes para afuera, Florentino decía que él hubiera querido decirles “hasta luego” de otra manera, con justos homenajes, pero que había sido decisión de los futbolistas irse sin una gran despedida. En el fondo, sin embargo, el Presidente del Madrid sabía que pudo haberlo hecho mejor.

Por supuesto, el retiro de Ramos es algo en lo que había pensado y que quería para más pronto que tarde. Había meditado sobre cómo gestionar su salida, sin ser de nuevo el malo de la película. Pero ahora que el jugador le planteaba su retiro de manera abierta, Florentino parecía asustarse ante la posibilidad de equivocarse otra vez.

—Se dicen muchas cosas, “Presi” —advirtió Ramos—, y uno ya no sabe qué creer… Se dice que en la directiva se me culpa de la crisis del club, o que soy uno de los líderes que llama a la indisciplina, que por eso querían un entrenador de “mano dura”…

—No vamos ahora a hacer caso de lo que dicen los medios… —respondió Florentino a la defensiva.

—No es algo que haya escuchado en los medios… Me lo dijeron en el mismo club.

—Pues te dijeron mal…

Ambos callaron. Florentino vio a doña Alba y le habló en tono de reproche.

—¿Usted solo va a quedarse ahí oyendo nuestra conversación?

La psicoanalista contestó con calma y amabilidad:

—Casi no hablo en las sesiones. Sobre todo escucho y hago preguntas cuando hace falta. La terapia es de él —Señaló a Ramos con la mano abierta—. Él es quien lleva la conversación. Es su conversación. Si hace falta, yo puedo ayudar a reconducirla.

—¿Y no es este un buen momento para que la reconduzca? —cuestionó el Presidente del Madrid.

—Creo que él lo está haciendo muy bien.

Florentino se sintió fuera de lugar, pero lo disimuló con una mueca de disgusto. Ramos se sintió validado.

‘Presiona a tus compañeros’

(Lectura estimada: 2 min 3 s)

—Yo sé que eres partidario de los entrenadores de mano dura —le dijo el jugador a su presidente—. Lo sé porque te conozco. Llevo aquí 13 años… Sé cómo eres y cómo funcionan las cosas. Está claro que en este mundo nos enviamos mensajes de muchas maneras, y no puedo evitar pensar que a mí me has querido enviar uno que otro. Por eso pedí que vinieras, “Presi”, para que lo hablemos tranquilamente. No hace falta enviarnos mensajes por otros canales.

Florentino se reacomodó innecesariamente la corbata.

—No es que a mí me guste la “mano dura” —explicó—. Esa es una expresión que usan los periodistas para vender titulares sensacionalistas. Una cosa es la mano dura y otra cosa es la disciplina, eso sí lo pido yo… Y nunca he siquiera sugerido que debas irte. Lo que sí he pedido es no descuidar ni los entrenamientos, ni la alimentación, ni el trabajo en el gimnasio, ni el descanso que tanto se necesita… Es verdad que en algún momento he creído que la plantilla baja la guardia. Es comprensible que, después de las Champions ganadas, el equipo se confíe, pero parte de mi trabajo es exigir que no sea así, porque podemos ganar 10 Copas de Europa seguidas y, aún así, el Madrid tiene el deber de hacer todo por ser campeón otra vez.

—“Presi”, ¿y usted cree que yo no pienso así como usted?

Florentino lo meditó antes de responder.

—Estoy seguro de que piensas así, pero creo que tú deber va más allá. Vamos a ver: no solo tienes la responsabilidad de obligarte a dar el máximo cada temporada, que lo haces, sino que también es parte de tu tarea transmitir esa misma exigencia a los demás, presionar a tus compañeros, jalarles las orejas para que den tanto o más que tú. De eso se trata “tirar del carro”. Tú no eres como los demás. No eres otro jugador de la plantilla. Tú y Asensio, por ejemplo, no son dos “iguales”. Eres el capitán, un símbolo, una leyenda en activo del madridismo. El equipo te sigue, sí, pero también necesita que tires de ellos, y eso a veces puede implicar que la mano dura venga de ti.


Las palabras hicieron eco en la cabeza de Ramos. En efecto, él no había descuidado su profesionalismo ni su ambición, pero sí había descuidado su rol de apretar a los demás con el argumento aquel de “todos somos hombres mayores”.

‘Florentino vino a joderme’

(Lectura estimada: 2 min 13 s)

La sesión acabó mejor de lo que todos habían esperado. Doña Alba se sintió complacida por la capacidad de Ramos para conducir una conversación difícil con el presidente de su club. El jugador valoró haber refrescado un canal de comunicación con Florentino. El directivo quedó muy satisfecho al constatar la receptividad de Ramos para apretar a sus compañeros.

La psicoanalista los acompañó a la salida. Abandonaron primero el consultorio, bajaron las escaleras de la vivienda y se dirigieron finalmente a la puerta. No alcanzaron a abrirla. Manuela, que estaba entrando en ese momento, vio a Florentino con desconcierto.

—¿Y usted qué hace en mi casa? —preguntó La Mánager con agresividad.

El Presidente del Madrid disfrutó de aquella reacción. Interpretó miedo en la voz de Manuela. Sonrió con malicia y dejó que doña Alba explicara.

—Vino a la sesión de hoy —aclaró la anciana—. Hace parte de la terapia que teníamos prevista.

La Mánager estaba tan perturbada con la presencia de Florentino, que no había visto a Ramos. Estuvo a punto de decir algo más, pero se contuvo. Caminó directo a la cocina. Treinta y siete segundos después, Alba la alcanzó y se sentó frente a ella en el comedor auxiliar.

—¿Le viste la cara a Florentino? —preguntó Manuela a su madre.

Alba negó con la cabeza.

—Estaba dichoso. Estaba saboreando el haberse metido en mi casa sin que yo lo medio sospechara… Sabes que tengo unos asuntos pendientes con él. ¿Cómo es que no me entero que va a venir?

—Yo tampoco sabía. El paciente me dijo que solo era una posibilidad y luego aparecieron juntos. Y la verdad me sorprendió. No pensé que el Presidente del Madrid estuviera dispuesto a aceptar una invitación de un jugador para hablar de sus asuntos en medio de una terapia.

La Mánager revolvió los ojos.

—No vino para ayudar a Ramos —aseguró Manuela—. Vino para… vino para joderme a mí. He pasado meses saboteando a este tipo, ¿y ahora logra aparecerse en mi casa, con la excusa de una terapia? A lo que vino fue a decirme que también puede meterse en mi rancho… Te voy a pedir un favor: no vayas a poner en riesgo mi trabajo aquí por cuenta de tus terapias.

Alba sintió un enorme enfado.

—Yo también tengo una vida Manuela… Lo que te puedo prometer es otra cosa: no voy a dejar que tu “trabajo” sea un obstáculo para mis terapias.

Doña Alba se puso de pie. Cuando iba saliendo de la cocina, la Mánager alcanzó a pedirle una última cosa:

—Al menos me vas a contar qué dijo Florentino, ¿o no?

Su madre la miró indignada. Se fue.

El diablo tienta a Arrimadas

(Lectura estimada: 2 min 45 s)

Jerez, jueves 29 de noviembre

Arrimadas parecía viajar sola. Solía hacerlo en clase económica, pero esta vez iba en ejecutiva, en pasillo y primera fila. Había una razón para aquella anormalidad.

Sentía profundo cansancio. Desde el domingo había estado en constante campaña andaluza, pasando por Málaga, Sevilla y ahora Jeréz. La semana se sentía larguísima. Apenas era jueves. En la mañana había participado en un desayuno informativo y para la tarde tenía prevista una rueda de prensa en Barcelona. Disfrutó de algunos minutos con los ojos cerrados, hasta que el avión terminó el ascenso, se estabilizó y la señal del cinturón de seguridad se apagó.

—Te han llamado “heroína” en Sevilla —dijo la pasajera del lado—. Nada mal para una andaluza que anda más preocupada por Cataluña.

No quería abrir los ojos. Suspiró y finalmente miró a su vecina con desgano. Sofía Vidal sostenía una edición de El País. Allí se destacaba la visita de Arrimadas a la capital de Andalucía.

No era un encuentro casual el de Arrimadas con Sofía. Fue la manera más discreta que encontraron para hablar. Habían abordado el avión haciendo la pantomima de no conocerse.

—Pues la verdad es que ha sido muy bonito. La gente ha sido muy cariñosa —dijo Arrimadas.

—¿Y cómo no? —validó Sofía—. Eres una jerezana defendiendo los intereses de España en tierras independentistas. Los españoles te quieren mucho.

Arrimadas disfrutó el cumplido, pero no se lo tragó entero.

—Vamos, Sofía. Por ahí dicen que al caballo se le acaricia para montarlo… No estarás endulzándome el oído para después aprovecharte de mí.

—No soy yo quien te llama “heroína”.

La líder de la oposición en Cataluña miró a Sofía con complicidad.

—Solo dime qué es lo que quieres.

—Mmm, realmente no he venido a decirte algo que yo quiera, sino a preguntarte sobre algo que tal vez tú quieras.

—Deja los rodeos…

—¿Para cuándo tienes pensado ser diputada en el Congreso?

—No es algo en lo que haya pensado —mintió Arrimadas.

—¿En serio? —cuestionó incrédula Sofía—. En cualquier momento habrá elecciones generales, eres una figura política con proyección nacional, ¿y no has pensado en un escaño en Madrid?

—No… —mintió de nuevo, pero esta vez con una sonrisa que la delataba—. Si algo me da proyección a mí es el liderazgo que tengo en Cataluña. En Madrid el líder es el jefe del partido. Por ahora seguiremos así.

—Bueno, al menos aceptas que esa es la situación “por ahora”.

—No, no…

—Sí, sí… —cortó Sofía—. Ahora déjate tú de rodeos. Si de verdad te interesa que Ciudadanos sea parte de la solución en Cataluña, y no parte del problema, sabes que el partido requiere un cambio de liderazgo. Rivera y Casado parecen clones de diferentes formaciones políticas. Ambos radicalizados; ambos peleando por quién ofrece el discurso más incendiario contra el separatismo. La renovación eres tú. Y si algún día quieres ser la líder del movimiento, no debes darle más largas: es el momento de saltar al Congreso de los Diputados.

Arrimadas, miró a los lados y atrás. Aunque hablaban en voz baja quiso asegurarse de que nadie estuviera escuchando.

—Es mejor que no hablemos de eso con tanta gente al lado —murmuró Arrimadas.

—Está bien —dijo Sofía, complacida—. Quiere decir que estás dispuesta a hablar del tema. Me vale.

***

 

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Advertencia: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de España con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Dicho de otro modo: esta es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación. Esta es una novela de Ficción CoyunturalFC.

Espere la segunda temporada en 2019.

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