Capítulo 6:
El nuevo ‘héroe’ de España

Luis Enrique fue elegido para atraer a Cataluña hacia la reconciliación, pero también para provocar a Florentino y al Madrid

Advertencia: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de España con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Dicho de otro modo: esta es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación. Esta es una novela de Ficción CoyunturalFC.

Moscú, domingo 1º de julio

El árbitro tocó su silbato dos veces e indicó el final del primer tiempo. Rubiales se cruzó una mirada de preocupación con el rey Felipe en aquel palco del estadio olímpico de Luzhniki.

—Venga. Aún quedan 45 minutos —consoló el Jefe de Estado al Presidente de la Federación.

Todos se pusieron de pie. El Rey intercambió un gesto amistoso de <<estamos empatados; qué le vamos a hacer>> con el Primer Ministro de Rusia.

El edecán de Felipe, en segunda fila, se giró y le habló a Manuela, en tercera fila.

—Señora, acompáñenos. Su Majestad la atenderá tan pronto acabe de hablar con el señor Medvédev.

 

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Un líder distinto a Ramos

(Lectura estimada: 3 min 14 s)

El encuentro entre rey español y primer ministro ruso, más que breve, fue irrelevante. Medvédev y sus acompañantes abandonaron muy pronto el salón reservado para la Casa Real. Apenas tuvieron tiempo de cruzarse un par de protocolarias cortesías y tomarse una foto oficial.

El edecán pidió a los demás desocupar el lugar. Rubiales atendió la indicación y se dispuso a salir. Entonces vio cómo Manuela fue la única persona a la que le pidieron entrar para estar a solas con el Rey. El Presidente de la Federación Española la miró con cara de incredulidad; aún le costaba comprender que la colombiana tuviera semejante nivel de acceso a la Corona.

Manuela se sentó en la silla que segundos antes había ocupado el primer ministro ruso. Felipe le hizo una señal para guardar silencio hasta que el edecán le confirmó con una mirada que solo quedaban ellos y cerró la puerta. El Rey procesó una pregunta durante un par de segundos, hasta que encontró las palabras que buscaba.

—¿Cómo se afectan nuestros planes si la Selección no hace un buen Mundial? —indagó el Monarca—. Nadie podrá decir que soy un pesimista, pero visto lo visto…

—Nuestros planes se afectan en poco —respondió Manuela—. Apenas ahora le empezamos a dar un giro a la situación en Cataluña. De nada nos sirve ganar una Copa del Mundo cuando las posiciones siguen tan radicalizadas. Eso sí, ya comenzamos a reconducir la situación. Esta semana inicia el traslado de presos a Cataluña. Incluso el traslado de Rosell está ya arreglado. A usted y a su padre les he contado que, ante la negativa de Florentino para cooperar, hemos encontrado en el Barça mucha mejor disposición. Quién lo creyera, ¿cierto? Solo necesitan a cambio unos cuantos “gestos de buena voluntad”, como dejar a Rosell más cerca de su familia. Por algo se empieza. Lo que sigue es ambientar un nuevo estatuto para Cataluña y, claro, dividir al independentismo… Vamos bien y nos da tiempo suficiente para llegar al próximo Mundial. Tenemos cuatro años para alcanzar un acuerdo razonable con el independentismo y negociar un estatuto que la gente vote con “entusiasmo colectivo” en 2022. Lo que sí debemos hacer es cambiar de “héroe”. Tendremos que buscar un líder diferente a Ramos, un símbolo de reconciliación que siga vigente para cuando lleguemos a Catar.

Felipe observó a Manuela con desconfianza.

—¿Usted de verdad cree que podemos dar por descontado que España ganará esta o la siguiente Copa del Mundo? —cuestionó el Rey—. Es decir… ¿usted en serio está en capacidad de garantizar que España será campeona? Es que… eso no lo puede asegurar ni un entrenador, que es quien tiene el mando sobre un equipo. Mire, le voy a ser sincero: de no ser porque usted consiguió sacar a Rajoy de La Moncloa, y a Julen de la Selección a dos días del Mundial, cosa que yo pensaba imposible… de no ser por eso, pensaría que usted es… vamos, pensaría que usted es una estafadora de ligas mayores.

El Rey matizó su comentario con una pequeña sonrisa. Manuela no le correspondió el gesto.

—Pues menos mal salió bien lo de Rajoy y lo de Julen—contestó la Mánager—. Eso me compra algo de crédito con la Corona… Por supuesto que no puedo garantizar que España sea campeona del mundo. Tampoco podía garantizar que hubiera un cambio de Presidente de Gobierno, pero lo conseguimos gracias a un plan. Eso sí se lo puedo prometer: que ejecutaremos un plan para alcanzar cualquier objetivo, por imposible que parezca. Lo mismo hemos hecho en este Mundial. Usted no está enterado de todo, y es mejor que así sea, pero déjeme preguntarle una cosa: ¿usted cree que es coincidencia que España no se tenga que enfrentar a ninguna de las selecciones más fuertes hasta antes de la final?

Felipe no entendió la pregunta.

VAR, a la medida de La Roja

(Lectura estimada: 3 min 15 s)

—Por estos días son muy comunes las gastroenteritis —continuó Manuela—. Tal vez haya oído que tres jugadores suecos se perdieron un partido por problemas estomacales…

El Rey negó con la cabeza. Desconocía la noticia.

—Pues lo que no ha trascendido hasta ahora —prosiguió la mujer— es que varios jugadores de Alemania, incluido el arquero, jugaron con gastroenteritis los tres partidos de la fase de grupos. Lo sé porque fue mi equipo el que saboteó la concentración de los alemanes. ¿Podíamos “garantizar” que Alemania no fuera primera de grupo, para evitar que eventualmente se enfrentara a España? No. Igual hubieran podido ganar con los titulares enfermos o con los suplentes sanos. Lo que sí podíamos garantizar es que no nos quedaríamos quietos. Esa vez funcionó, aunque de una manera que no esperábamos. Le apostamos a que Alemania quedara segunda en su grupo, no que terminara eliminada tan temprano.

Felipe, que oía con absoluta atención pero con profundo escepticismo, cuestionó el supuesto plan de Manuela.

—¿Y qué habría pasado si España quedaba segunda en su grupo? —replicó el —. Nos habría tocado el lado donde están todas las favoritas. ¿También pensaron en eso?

Manuela se echó hacia atrás. La situación le empezó a incomodar.

—Cuando contratan mis servicios… —intentó explicar ella— lo importante es el resultado y no los medios que usamos… Siempre les digo a mis clientes que es mejor, por el bien de todos, que se enteren lo menos posible de los detalles… Ya sobrepasé una línea al contarle de las gastroenteritis…

—Lo sé… —aclaró el Rey—. Mi padre me lo advirtió, pero… bueno, soy yo quien cada vez está más al frente de esto. Me gustaría tener una mejor idea de sus “alcances”.

Manuela lo meditó por un instante. Si ahora empezaba a entenderse más con Felipe que con Juan Carlos, era comprensible que su nuevo “supervisor” quisiera mayor contexto sobre el trabajo que ella hacía.

No fue casualidad que el VAR actuara en los partidos que jugaban, a la misma hora, España contra Marruecos y Portugal contra Irán —reveló Manuela—. ¿Usted vio el penalti que pitaron contra Portugal? Se supone que fue por una mano en el área, pero le aseguro que ningún otro grupo de árbitros en el mundo habría sancionado eso. El balón ni siquiera iba hacia la portería… En fin… videoarbitraje a la medida… Vale la pena que vea la repetición. El caso es que, gracias a ese penal, Portugal quedó segunda del grupo. ¿Podíamos “garantizar” que España quedara de primera? No. Pero ejecutamos un plan, como siempre… y tuvimos éxito.

El Rey no quiso preguntar más. Imaginó entonces que Manuela había llegado a algún “acuerdo” con los árbitros del VAR en aquel partido de Portugal (“acuerdo”, por pensar lo menos). Se quedó con la suposición, sin buscar confirmación. Ahora entendía mejor por qué ella era reacia a compartir información sobre los métodos que usaba.

Se oyó zumbar a la afición en el estadio. Manuela y Felipe miraron al mismo tiempo hacia el césped, buscando la causa del barullo. Eran los jugadores que salían de nuevo a la cancha para empezar el segundo tiempo. El Rey tuvo una nueva inquietud mientras veía a los futbolistas rusos y españoles ubicarse en sus posiciones. No se pudo contener.

—Y este partido… —Felipe dudó, pero continuó con su pregunta—, ¿este partido está “intervenido” de alguna manera?

Manuela torció la boca y mordió ligeramente la cara interna de su mejilla izquierda. Era un gesto inconsciente que aparecía con la incertidumbre.

—No —respondió ella tajante y con desazón—. Los rusos desplegaron unas medidas de seguridad más estrictas para proteger a su equipo. Sabotear a la selección rusa era muy riesgoso. También sospechamos que hacían seguimientos a los árbitros encargados de sus partidos y preferimos no acercarnos a ninguno… Hoy… —añadió Manuela mirando a los futbolistas de España—, hoy dependen exclusivamente de ellos mismos.

“No voy a traer a Guardiola”

(Lectura estimada: 2 min 8 s)

Rubiales tocó la puerta de la habitación de Manuela. Casi llegaba la medianoche. Venía de mal genio, pero un pensamiento travieso eclipsó por unos segundos su enfado: estaba frente al cuarto de una mujer, en un hotel de un país lejano, al final de un largo día; clásica escena de un hombre que está a punto de acostarse con una recién conocida en “aguas internacionales”.

La fantasía fue rápidamente disuelta con la aparición de la Mánager. Aquella mujer alta, de espalda ancha, pelo corto, pantalones y modales masculinos, invitaba más a un concurso de pulso que a una noche de sexo.

Se sentaron en dos poltronas. Manuela esperó a que Rubiales diera inicio a la conversación. El Presidente de la Federación anunció su decisión:

No voy a traer a Guardiola para la Selección.

La reacción corporal de Manuela fue inmediata. Revolvió los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás.

—Hombre, ¡pero si ya lo hemos hablado! —reclamó la mujer con las manos abiertas—. Esto no es negociable. A usted lo pusimos en la Federación para cooperar. Igual lo podemos sacar mañana mismo. No sería nada difícil. A estas alturas nadie quiere al dirigente que echó el seleccionador a dos días del Mundial. Nadie lo va a extrañar. No empecemos con estas cosas.

—Tengo clarísimo que al primero que van a culpar de este fracaso es a mí. Es lo primero que me han preguntado las televisiones cuando acabó el partido. El blanco fácil de esta eliminación soy yo, por eso también soy el mayor interesado en tomar la decisión más inteligente. Al menos déjame explicar, Manuela.

—¡Qué explicar ni qué hijueputas! —bramó la Mánager mientras se ponía de pie—. Quedamos en Guardiola y no acepto nada diferente. Lo hemos hablado, lo hemos repasado, se lo he explicado de todas las formas posibles. Esta no es hora de venir a cambiar los planes.

Manuela creyó que la violencia de sus gestos haría recular a Rubiales. Se equivocó.

—No voy a traer a Guardiola —repitió Rubiales letra por letra, sin levantar la voz—. Haz lo que quieras. Tengo clarísimo que puedes sacarme del cargo en cuestión de días. Estoy dispuesto a arriesgarme. Pero, al menos, escucha la idea que tengo. Sinceramente, creo que cumple mejor con tus propósitos y con los míos.

La Mánager se quedó viéndolo con profundo fastidio e intransigencia, pero decidió controlarse. Volvió a sentarse con un propósito en la cabeza: <<Tan pronto este tipo diga una estupidez, lo mando para la mierda>>, pensó la mujer.

—Voy a traer a Luis Enrique.

“Luis E. atrae a Cataluña”

(Lectura estimada: 2 min 37 s)

Manuela mantuvo su gesto enfurecido, pero procesó la idea con apertura. Rápidamente empezó a concluir que la propuesta de Rubiales podía ser buena. Tenía tanto sentido que se reprochó por no haberlo pensado antes.

—La opción de Guardiola es demasiado compleja y conflictiva —argumentó Rubiales—. Por un lado, él tiene contrato y pone a la Federación en el apuro de negociar una suma muy alta de dinero con el City para que lo dejen ir. Pero además, hablando ya de lo que te interesa a ti, el nombre de Guardiola es demasiado escandaloso para ponerlo al frente del equipo. Ahí sí que dejaríamos de hablar de fútbol por completo y me acusarán toda la vida de politizar a la Selección. Imagínate las ruedas de prensa con él: le van a preguntar todas las veces que puedan por la actualidad de Cataluña; que si los “presos políticos” esto o aquello, que si el símbolo amarillo tal cosa, que si Puigdemont esto o lo otro, que si está de acuerdo o no con las decisiones de los jueces, que si se siente español… Y si dice que sí, que se siente español, le preguntarán que desde cuándo… Mira, Manuela: Guardiola ya dio muchos pasos y señales hacia el independentismo. Llegó hasta un punto de no retorno y se lo van a cobrar siempre… Yo sé, te lo juro que lo sé, que a ustedes les interesa que este sea un equipo que una a los catalanes con España, pero francamente creo que, con Guardiola, la Selección sería un motivo más de polarización. Ni siquiera es que divida a catalanes con el resto de españoles; es que va a terminar dividiendo al resto de españoles entre ellos mismos. En cambio, creo que Luis Enrique está a una justa distancia de los temas políticos… Él… mmm… él no anda con símbolos en la chaqueta, ni lo han visto acompañando manifestaciones de independentistas… Él es un asturiano que entrenó al Barça; un exjugador de fútbol culé, que también jugó con el Madrid y además se puso la camiseta de España… Es que, de verdad, creo que, por donde lo mires, es la mejor opción.

Rubiales acabó su discurso entre sorprendido y orgulloso por la fluidez de sus propios argumentos. Aún así, algo de angustia empezó a sentir cuando Manuela se puso de pie con un movimiento tan rápido que alteró la quietud del aire. La colombiana empezó a caminar por la habitación, aumentando la tensión con ese pesado traqueteo de sus tacones cortos.

—Luis Enrique… —dijo al fin—, Luis Enrique es querido en Cataluña… sin que él sea catalán… Al resto de españoles no les cae muy bien… esa es mi impresión…, pero es verdad que tampoco lo detestan como a Guardiola por su activismo político… Es más factible que un equipo liderado por él seduzca a ambos bandos… Luis Enrique atrae a los catalanes… y la Selección atrae al resto de españoles, a pesar de que no les guste que el entrenador venga del Barça… Puede funcionar… Sí… Luis Enrique puede ser el nuevo “héroe” que necesitamos. Me gusta su idea, Rubiales. Quién lo iba a creer…

“Pensé que ud. era un idiota”

(Lectura estimada: 2 min 25 s)

El Presidente de la Federación suspiró de alivio. Luego tuvo ese impulso tan humano de querer reforzar una idea propia cuando acaba de ser validada.

—Fíjate, Manuela, que Luis Enrique tiene las condiciones de las que tú hablabas, las de los “grises de alta confianza”, los líderes que no ven las cosas en blanco o negro y pueden conciliar diferentes posturas…

Manuela miró a Rubiales con una mezcla de extrañeza y antipatía. Entonces sonrió y después soltó una carcajada que dejó confundido al Presidente de la Federación. Nunca le había visto un solo gesto de buen ánimo a aquella mujer.

La Mánager regresó a su asiento. Recostó los codos sobre los brazos de la poltrona, puso su tobillo derecho sobre la rodilla izquierda (como pocas mujeres suelen cruzar las piernas, incluso si llevan pantalones) y juntó sus manos enfrentando las yemas de los dedos a la altura del cuello.

—Yo pensé que usted era un idiota… —confesó la mujer sin dejar de sonreír, como si estuviera ofreciendo un cumplido amable—. Cuando presentó su candidatura a la Federación, en ese evento, en diciembre…, me pareció tan ridículo que pusiera esa canción… “Don’t stop me now”, ¿cierto?… como queriendo darse una gran entrada… presentándose como una estrella… Y esa pinta que tenía… esa estúpida combinación de camisa, saco y corbata con “jeans” —Manuela se llevó una mano a la cara, como sintiendo pena ajena—… ¿Quién lo estaba asesorando? Se veía tan inseguro, como queriendo ocultar el pánico escénico detrás de tanta parafernalia.

—Bueno… —replicó Rubiales incomodado—, son cosas que hacen los candidatos en la política… No me lo he inventado yo…

—No me tome esto a mal —pidió Manuela—. Lo que quiero decir es que estoy favorablemente sorprendida. Usted es un tipo distinto al que yo me esperaba. Hoy ha demostrado iniciativa, ambición y sentido común. Casi me empieza a entusiasmar el hecho de trabajar con usted.

La Mánager se quedó reflexionando sobre otro tema que saltó sobre su cabeza. Volvió a sonreír. Ya era un acontecimiento que lo hiciera dos veces en un mismo día.

—Hay otra cosa que me agrada del nombre de Luis Enrique —añadió la colombiana—. A Florentino no le va a gustar nada que el seleccionador español sea el más reciente extécnico del Barça. Va a creer que es una retaliación más, contra él y contra el Madrid. Usted sabe cómo le gusta a Florentino tomarse todo de manera tan personal. ¿Sabe qué me encantaría?… Que en la primera convocatoria de Luis Enrique bajaran al menos a dos jugadores del Madrid… O qué tal si… ¿qué tal si Luis Enrique rescata a un paria del Madrid?… —la mujer, como dirían los españoles, “se vino arriba”—. ¿Qué tal si Casillas vuelve a la Selección?… Al menos incluyámoslo en una prelista y filtrémosla. Sígame la corriente, Rubiales. Démosle a Florentino muchos más motivos para que siga creyendo que esto es una guerra contra él.

“Culpa de Florentino”

(Lectura estimada: 3 min 8 s)

Madrid, lunes 2 de julio

Florentino se quitó la corbata y la colgó en su galán de noche. Las noticias del telediario se oían al fondo, hablando de lo que, más de 24 horas después, seguía siendo el tema del momento: la eliminación de España del Mundial.

—Y la culpa es mía, ¿verdad? Pero claro… la culpa siempre será de Florentino —pensó en voz alta el Presidente del Madrid, mientras se alistaba para ir a la cama.

Se despojó de sus pertenencias: reloj, móvil y las argollas de matrimonio que mandó a soldar tras quedar viudo y que ahora conservaba juntas en el dedo anular de su mano izquierda. Colgó en una silla el saco, el pantalón y la camisa que a la mañana siguiente alguien retiraría para ponerlos en su lugar. Conservó por unos minutos más las medias y se puso una pijama de dos piezas. Se quitó los lentes y entró al baño a cepillarse los dientes.

—Eliminan a España, culpa de Florentino… —insistió victimizándose frente al espejo, intercalando quejas con el cepillado, los escupitajos y el enjuague bucal—. Las pensiones no alcanzan, culpa de Florentino… A las mujeres las maltratan, culpa de Florentino… Los inmigrantes, la corrupción, el cambio climático… qué más da, todo culpa de Florentino. ¡Que me den por culo!

Estaba acicalándose las uñas cuando una noticia de última hora del telediario lo terminó de sacar de quicio. Buscó el control remoto, apuntó al televisor que estaba frente a su cama, devolvió unos segundos el programa y subió el volumen:

Sí, que tal. Buenas noches, Ana. Enseguida vamos con la Selección, que me parece que ya ha aterrizado hace unos minutos en Barajas. Pero vamos con esta noticia que hemos podido confirmar, aquí, en Moscú: el Real Madrid ha hecho una oferta por el jugador del París Saint German, Neymar, por valor de 310 millones de euros. El internacional brasileño se comprometería con el club blanco para las próximas siete temporadas y cobraría 45 millones al año. De hecho, el padre de Neymar estuvo el sábado, aquí, en Moscú, en el hotel de la Selección Española. La oferta está encima de la mesa del club francés…

No había terminado de escuchar la noticia completa cuando ya se había puesto en contacto telefónico con el director de aquel telediario.

—Hola… ¿Eladio?… —saludó atropelladamente Florentino—. Pues qué quieres que te diga… Mira: estoy viendo aquí vuestro informativo y Jesús está diciendo una cosa que sencillamente no es verdad. Es que no es verdad. Fácilmente me puedes llamar tú y preguntarme directamente estas cosas. Si tienes mi número… ¿Pero cómo…? ¿No sabes de qué estoy hablando? Espera… —Florentino devolvió de nuevo el programa con el control remoto—. Acaban de decir acá que… que… que es una noticia de última hora y que… que hemos hecho una oferta por Neymar. ¡Por Dios! Pero si es mentira. Es todo mentira… Ah, bueno, ¿que no sabías de esto porque es de última hora?… Pues ya te lo estoy diciendo yo: que es mentira, Eladio… Y Jesús dice unos disparates… que el padre de Neymar estuvo en el hotel de la Selección Española. ¿Y eso qué tiene que ver? Dímelo tú. ¿Qué tiene que ver que el padre de Neymar esté en el hotel de la Selección, si es que estuvo? ¿Qué relación hay entre eso y una supuesta oferta nuestra?… Que no la hemos hecho, Eladio… Os están utilizando para hacerle daño al Madrid. Ya te lo digo yo. Hay una campaña contra el Madrid… Y disculpa, pero voy a tener que sacar un comunicado… Pues cómo que para qué… Vamos a desmentir esta información… No puedo permitir que nos sigan atacando de esta manera…

El cuasimonólogo de Florentino duró otros cinco minutos, pero no fue el único de aquellos días.

“Somos un hazmerreír”

(Lectura estimada: 2 min 14 s)

Martes 3 de julio

El Presidente del Madrid viajaba en su coche. Desde el puesto de atrás revisó un chat con una noticia que lo volvería a descomponer. Se la envió uno de tantos cortesanos necesitados de caerle en gracia a Florentino.

De inmediato le envió una nota de voz al responsable de comunicaciones del club.

—Antonio… —dijo exasperado—. ¿Pero qué pasa, Antonio? Estamos haciendo el ridículo… ¿Para qué subís un video de Cristiano y luego lo borráis? Que somos el hazmerreír del fútbol europeo. Este tema es muy delicado como para cometer estos errores, joder. Suficiente tenemos con los enemigos del Madrid para que nosotros también nos demos tiros en el pie… Dejad de hacer el ridículo. Basta ya, por favor.

Miércoles 4 de julio

—Que sí, José Ángel. Qué sí —protestó Florentino al Secretario General del club, en conversación telefónica—. Que tenemos que sacar otro comunicado y los que hagan falta. No podemos permitir que esto se crezca y nos haga más daño. El tipo este es un idiota, pero tiene mucha credibilidad y no nos vamos a quedar callados, porque si no decimos nada van a interpretar nuestro silencio. Así que hay que decirlo con todas las letras: el Real Madrid no ha hecho una oferta por Mbappé. Ya está.

Viernes 13 de julio

Florentino había recuperado el buen ánimo. Parecía llegar al fin de semana sin los contratiempos de la semana anterior.

Pasadas las 10 de la noche departía desprevenido en una cena de negocios hasta que una llamada le devolvió la paranoia. Se levantó de la mesa y contestó en un apartado oscuro del restaurante, acompañado de un mal presentimiento.

—Hola… —saludó con resignación—. ¿Y por qué vamos a cambiar la fecha de la presentación de Vinicius? —preguntó, temiendo que la respuesta lo sacara de casillas—. ¿Pero cómo que…? Nosotros teníamos esa fecha prevista desde hace dos semanas… que la muevan ellos… Pues si Rubiales quiere presentar a Luis Enrique el mismo día, que lo haga. Me importa un pito… ¿Y por qué vamos a quedar nosotros como los que quieren opacar el evento de ellos?… ¿Cómo que nosotros no lo habíamos anunciado?… ¿No lo dijimos antes por ninguno de nuestros canales?… —Florentino agachó la cabeza y se agarró el tabique—. Lo estáis haciendo todo mal… Estáis haciendo mal vuestro trabajo. ¿Voy a tener que sentarme en un ordenador y escribir yo mismo las noticias y los comunicados? ¡Si queréis también llamo desde mi móvil a todos los periodistas y los convoco en mi casa! ¡Arregladlo como podáis y dejadme en paz, coño!

Florentino colgó. <<Esto no es coincidencia>>, pensó iracundo. <<Es esta maldita guerra contra mí…>>.

“Hija de la gran puta”

(Lectura estimada: 1 min 29 s)

Miércoles 18 de julio

El Presidente del Madrid decidió atender unos asuntos en su despacho del estadio Bernabéu. Hace poco más de una hora había participado en el acto de presentación de Odriozola, un nuevo jugador del primer equipo.

Hablaba con algunos directivos sobre la pretemporada que tendría lugar en Miami. En un televisor se veía, en directo y sin sonido, la rueda de prensa de Odriozola. Viendo la pantalla de reojo, Florentino detectó una anormalidad.

—¿Pero qué pintan Zidane y Cristiano en esa rueda de prensa? —preguntó el Presidente del Madrid al percatarse de unas imágenes proyectadas en el evento que, a esa hora, tenía lugar en la sala de prensa del estadio.

Ninguno de sus interlocutores entendía de qué hablaba.

—Pero si os lo estoy diciendo, joder —insistió Florentino—. Que lo acabo de ver. En la sala de prensa están proyectando un video con imágenes de Zidane y Cristiano… Perfecto… Y ahora estoy viendo también a Casillas. Muy bien… Si queréis, pongamos a Messi —reclamó con ironía—… Y bueno… —añadió poniéndose de pie— ¿es que nadie va a ver qué está pasando o tendré que ir yo?

La mesa de reuniones se desocupó. En la práctica, ninguno de los presentes podía solucionar nada, pero tampoco nadie se atrevería a hacer semejante aclaración.

Florentino quedó solo, con la respiración agitada. Se sentó de nuevo, pensativo, confundido. De repente, algo en su cabeza se resolvió. Algo al fin tenía sentido.

—Pero qué hija de su madre… Qué… qué… qué hija de la gran puta —se decidió al fin murmurando.

Sacó su móvil y marcó un número.

—Aló —contestó Manuela.

—Señora… —dijo Florentino, haciendo un dificilísimo ejercicio de autocontrol—. Solo llamaba para decirle que yo también soy muy rencoroso.

La Mánager no dijo nada. Solo sonrió. Florentino colgó.

 

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