Capítulo 5: El efecto Julen

Advertencia: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de España con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Dicho de otro modo: esta es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación. Esta es una novela de Ficción CoyunturalFC.

Martes 12 de junio

Rubiales, al fin, pasó al teléfono que solía dejar al cuidado de su tío. Al otro lado de la línea, la secretaria de Florentino llevaba esperando un buen tiempo.

—Sí… hola… ¿Conchita? —saludó el Presidente de la Federación.

—Sí, hola —respondió ella.

—Mira, perdona la demora —pidió él—. Estoy en Moscú. Mañana es el Congreso de FIFA… ya te imaginarás la cantidad de manos que tengo que apretar. Entre esto y otros asuntos de la Federación que no paran, se me ha ido todo el día… pero bueno ya estoy aquí.

—No se preocupe. Déjeme le comunico al Presidente. Es urgente, así que aguarde, ¿eh? Si se desconecta la llamada, no ocupe la línea que nos volvemos a comunicar de inmediato.

—Claro, claro. De aquí no me muevo.

Rubiales esperó casi un minuto y medio antes de que alguien volviera a hablarle.

—Hola —dijo Florentino con su inconfundible voz.

 

IMPORTANTE: para continuar la lectura, haga clic en los intertítulos negros ↓ (y OJO: para saber en qué se inspira esta ficción haga clic en los enlaces de palabras en rojo).

 

“El Madrid ha escogido bien”

(Lectura estimada: 2 min 35 s)

—Hola… Perdona que no haya atendido antes. Estoy en Moscú y ya te imaginarás la cantidad de manos…

—Sí, sí. No hay problema… Mira… —interrumpió Florentino las ideas machacadas de Rubiales—. Sabrás que hemos estado en la búsqueda de un nuevo entrenador para el Madrid…

—Sí, cómo no —confirmó Rubiales.

—Muy bien. Pues te cuento: luego de explorar varias opciones hemos llegado a un acuerdo con Julen para que entrene al Madrid cuando finalice el Mundial, y por supuesto queríamos que tú fueras el primero en saberlo antes de hacer público el anuncio.

Rubiales hizo una mueca de contrariedad. Había oído un rumor al respecto, pero no le prestó atención. Estaba ocupado estrechando tantas manos…

—Por supuesto —continuó Florentino—, vamos a pagar la cláusula que está en su contrato. Eso no será ningún problema. Lo que sí queremos es hacer el anuncio ahora mismo. Para Julen, y para la misma Federación, es muy importante que no se especule con esto, sino que se dé a conocer, con total transparencia, lo más rápido posible, para que la noticia no se atraviese en pleno Mundial.

El Presidente de la Federación, al no haber anticipado semejante escenario, se quedó en blanco. Intuyó que podría ser un problema, pero no tenía claro por qué.

—Bueno… emmm… Gracias por contarme —dijo dudando de estar realmente agradecido—. Te llevas un gran entrenador… Ehhh… Solo dame tiempo para… ¿Cuándo es que planeáis hacer el anuncio?

—Ahora mismo. En breve.

—Entiendo, entiendo… Pero, vamos…, por lo menos dadme algo de tiempo para pensar mejor cómo podemos contarlo desde el punto de vista de la Federación.

—Pues mira —replicó Florentino—, creo que eso lo debes hablar con Julen. El más interesado en hacer el anuncio pronto es él. No quiere que esto se filtre y le haga ruido al equipo a tan poco tiempo de que empiece el Mundial. Lo mejor es contarlo ya, de manera controlada. Si quieres, podéis hacer una rueda de prensa conjunta en Rusia, responder a todas las preguntas y agotar el tema, para que al día siguiente se vuelva a hablar de la Selección.

—Sí, sí… Pueder ser. Voy a hablar con él. Gracias otra vez, y… bueno, enhorabuena. El Madrid ha escogido muy bien —finalizó Rubiales con una risa confundida.

El Presidente de la Federación se quedó pensativo. Estaba en el restaurante del hotel en el que se hospedaba. Su tío, Juan, que a la vez era su jefe de gabinete, le preguntó con la mirada: <<¿Qué pasó?>>.

—Julen va a entrenar al Madrid cuando acabe el Mundial —compartió Rubiales con expresión seria.

Ambos se quedaron en silencio.

—¿Y cuándo lo van a hacer público? —indagó Juan a su sobrino.

—Me dijo Florentino que ahora mismo —contestó Rubiales con una mueca de <<¿Puedes creerlo?>>.

Volvieron a callar.

—¿No debieron contarte antes? —cuestionó de nuevo Juan—. Digo…, para que tuvieras tiempo de analizar este asunto… o para que la Federación tuviera tiempo de prepararse…

—Es que eso es exactamente lo que estoy pensando… —respondió Rubiales empezando a sentir un enfado que le subía por la garganta.

“Julen ha obrado mal”

(Lectura estimada: 3 min 2 s)

Marisa, la jefa de comunicaciones de la Federación, llegó a la mesa.

—¿Y esas caras? —preguntó la mujer.

—Acabo de hablar con Florentino —soltó Rubiales con la indignación “in crescendo”—. Básicamente, me notificó que Julen será el entrenador del Madrid tan pronto acabe el Mundial. Lo harán público… no sé… en los próximos minutos.

—¿Y tú te acabas de enterar? —preguntó incrédula Marisa, con algo de reclamo.

—Pues es que me lo acaban de contar —respondió Rubiales, un poco a la defensiva. Negó varias veces con la cabeza antes de continuar—. Me han visto la cara de tonto, ¿verdad?

Juan y Marisa se quedaron congelados, sin afirmar ni negar a la pregunta retórica de Rubiales.

—Vamos… —resolvió el Presidente de la Federación— ponme al incompetente de “Quillo” al teléfono. Si alguien tenía que saber de esto era él.

Su tío se puso a la tarea, mientras Marisa envenenaba más al ya intoxicado Rubiales.

—No pueden hacer un anuncio de estos como les dé la gana, sin contar contigo —decía la mujer, mientras entraba la llamada al móvil de “Quillo”—. Podrá ser el Madrid, pero las cosas no son así… Y me perdonarás, pero Julen ha obrado mal. Él es empleado de la Federación y el primero que ha debido contarte de esto es él, y no hoy sino desde el primer momento en que lo hayan contactado.

—Sí, dígame —contestó “Quillo” desde Krasnodar, en el lugar de concentración de la Selección Española.

De inmediato, Juan le pasó el teléfono a Rubiales.

—Joder, “Quillo”, ¿qué coño está pasando allá? —reclamó molesto el Presidente de la Federación—. Que me acabo de enterar que Julen va a remplazar a Zidane. Me ha llamado Florentino a decírmelo y a asegurarme que soy el primero en saberlo, pero lo dudo, ¿eh? ¿No estás tú ahí para contarme lo que pasa adentro? Si he dejado que permanezcas allí es porque Manuela me prometió que serías mis ojos y mis oídos en la Selección.

—“Presi”…, vamos, te juro que apenas me estoy enterando de lo que me estás contando…

“Quillo” mentía. Desde el viernes, Manuela le había advertido del contacto entre Julen y el Madrid. Trabajaba para la Mánager porque fue ella quien lo mantuvo en la Federación como “enlace con el Real Madrid”. La permanencia de “Quillo” fue la menos importante de las condiciones que impuso la Mánager, a cambio de ayudar a Rubiales a vencer a Larrea en las elecciones.

—Me cago en… —se quejó murmurando el Presidente de la Federación—, ¡pues te lo estoy contando yo, a ver si te enteras! Así que apersónate de la situación, busca a Julen y pónmelo al teléfono.

—Claro, claro. Déjame lo busco y te llamo de vuelta, ¿vale?

—No, no, no, joder… —advirtió Rubiales—. Para eso lo llamo yo directamente. Te estoy diciendo que… hostia… Mira: te necesito ya al lado de Julen para que, a partir de este mismo instante, me informes de cualquier movimiento. Así que levanta el culo y busca a Julen con el teléfono en la mano. No vayas a colgar que aquí te espero.

—Claro que sí. De inmediato.

“Quillo” puso en silencio el micrófono de su teléfono móvil. Sonrió y le escribió a Sofía Vidal un mensaje de texto de dos letras:

Ya

Sacó sin afán un manos libres del bolsillo de su pantalón y lo conectó al móvil. Estaba sentado en la grada de uno de los campos de entrenamiento y desde allí veía a Julen, reunido con su cuerpo técnico en una oficina de grandes ventanales asignada al seleccionador. Caminó parsimonioso hacia allá, cuidándose de no ser visto.

“No anuncien nada aún”

(Lectura estimada: 3 min 4 s)

—Joder, “Quillo”, ¿estás ahí? —preguntó impaciente Rubiales.

—Sí, sí —respondió “Quillo”, activando momentáneamente el micrófono y fingiendo agitación—. Voy. Voy.

Se detuvo a 10 metros de la oficina de Julen, en un corredor. Esperó un minuto, casi cronometrado, y continuó. Tocó la puerta y entró.

—Tengo a Rubiales al teléfono —dijo “Quillo” sin preámbulo y ofreciéndole a Julen su móvil. El entrenador lo recibió y saludó.

—Hola… ¿Hola?… ¿Hola?

“Quillo” recordó que debía activar otra vez el micrófono. Lo hizo.

—Hola —volvió a intentar el seleccionador.

—Hola, Julen —saludó Rubiales desde Moscú, haciendo su mayor esfuerzo por sonar amable.

—Qué tal —correspondió el técnico vasco.

—Vamos, que me has cogido con el pie cambiado. Te lo tenías bien guardado, ¿eh? Acabo de hablar con Florentino.

—Hombre, pues… sí. Qué quieres que te diga… Me contactaron el viernes y yo, la verdad, no lo vi realmente como una posibilidad —se justificó de manera instintiva Julen—. Para serte franco, no quise especular con esta situación porque la veía como una simple exploración del Madrid. Al final, todo se ha precipitado en las últimas horas y bueno… Florentino me pidió que le dejara hablar contigo primero…, por una especie de cortesía institucional.

—Antes que nada, felicitaciones —soltó Rubiales sin convencimiento—. Te mereces dirigir uno de los mejores clubes del mundo. Eso demuestra el buen trabajo que has hecho aquí.

—Muchas gracias. Me alegra que entiendas que esta es una gran oportunidad. Un tren como este solo pasa una vez en la vida.

—Nada, nada. Muy merecido… Pero bueno… Mira… en vista de los tiempos y la coyuntura… y el sorpresón, porque entenderás que es tremendo sorpresón… te quería proponer, si lo ves bien, que no digas nada hasta mañana. Yo estoy buscando un vuelo ahora mismo para Krasnodar. Creo que deberíamos hacer una rueda de prensa conjunta para anunciar esto.

—Me parece estupendo. La rueda de prensa conjunta es una buena idea. Por supuesto que sí… Mmmm.. Pero… sobre el anuncio, Florentino y yo somos partidarios de hacerlo ya. Tú sabes que una noticia como esta no se puede mantener en secreto ni cinco minutos. Mi principal preocupación es que los jugadores se enteren por boca de otros, o que empiecen a preguntarles y ellos no tengan ni idea de lo que está pasando. Es más, tengo planeado contarle al equipo ahora mismo, para que se enteren por mí. Estaba esperando a que tú lo supieras primero. La idea que teníamos es que los jugadores conocieran de esta noticia al mismo tiempo que el Madrid la hacía pública.

—Entiendo, Julen… Pero… no sé… Vamos, dame algo de tiempo para pensar mejor cómo afecta esto a la Federación. Yo también tengo que prepararme, porque seguro algo me van a preguntar a mí y quisiera tener más detalles. Me coges muy descolocado. No hagas nada aún, por favor —resaltó Rubiales con un dejo de desespero—. No hables todavía con los jugadores y… la verdad es que preferiría que le dijeras a Florentino que ponga en pausa el anuncio. Necesito tiempo para hablar con mi gente y tener, por lo menos, unas líneas de acción.

El seleccionador se sintió entre culpable y fastidiado por no haber previsto esta situación. Tenía la sensación de haberse equivocado o, por lo menos, de no haberse puesto en los zapatos de Rubiales.

—Vale, vale… Piénsalo… analízalo y… llámame tan pronto lo hayas decantado mejor… Quedo muy pendiente. Los jugadores están esperándome para una charla técnica y mi idea era decirles ahí…, pero claro que espero que lo evalúes mejor y me llames otra vez, a ver qué manejo le damos a esta situación.

—Venga, Julen. Gracias. Ahora te marco. Adiós.

“¡Cabrones hijos de puta!”

(Lectura estimada: 2 min 57 s)

El entrenador de la Selección le devolvió el teléfono a “Quillo” y lo miró con recelo. Sacó de un bolsillo su propio móvil y buscó a Florentino entre los contactos. Suspiró antes de marcarle. La incomodidad se le veía en toda la cara.

—Sí, dígame —contestó Florentino en Madrid. Esperaba ser contactado por Julen pero no tenía certeza de que fuera él. Desde Krasnodar la llamada era redirigida por un operador ruso y el número telefónico resultaba desconocido.

—Hola. Qué tal. Soy Julen.

—Hola. ¿Cómo va todo?

—Bien, bien. Mira… —vaciló Julen—, hablé con Rubiales y él quiere que no hagamos el anuncio todavía. Él quiere… no sé… prepararse mejor, para que la Federación reaccione adecuadamente… Creo que tiene algo de razón… Nos ha pedido algo de tiempo…

—Pero… Espera… espera… —interrumpió Florentino—. ¿Qué me estás diciendo? Si ya publicamos el comunicado.

—¿Cómo? —preguntó aterrado Julen—. ¿En dónde?

—Pues en la página —respondió Florentino, como si fuera una obviedad (y lo era).

—¿Publicaste ya la noticia en la página del club? —insistió Julen, vocalizando cada palabra, como repitiéndose la pregunta para sí mismo, y haciendo una señal a sus asistentes para que buscaran el comunicado en los navegadores de sus teléfonos móviles.

—¿Pero qué está pasando? —exclamó Florentino, confundido—. Una asistente de Rubiales me ha llamado y me ha dicho que adelante con el anuncio, que vosotros haríais una rueda de prensa mañana y que tú ya estabas hablando con los jugadores.

—¿Quién te ha dicho eso? —repreguntó Julen alterado.

—La asistente de Rubiales… Débora. Me dijo que se llama Débora.

—¿Débora? —replicó Julen con desespero—. No hay ninguna… Pero si no conozco… Vamos, que no hay ninguna asistente de Rubiales que se llame Débora…

“Quillo”, que contemplaba con morbo el momento por el que pasaba Julen, hizo un gesto de extrañeza cuando oyó el nombre de “Débora”. Luego sonrió burlón. Nadie lo vio.

—Yo acabo de hablar directamente con Rubiales, hace un minuto, y me pidió aplazar al anuncio —explicó el entrenador.

—Pues no entiendo nada. Yo he hablado con esta mujer, con Débora, hace 5 o 10 minutos y, como te dije…

El seleccionador ya no escuchaba a Florentino. Le mostraron en la pantalla de un móvil el comunicado del Madrid y se aterró de pensar que los jugadores estuvieran viendo la noticia en ese mismo instante.

—Tengo que contarles, coño. Tengo que contarles primero —dijo angustiado mientras corría hacia el salón donde lo esperaba el equipo para la charla técnica.

Todos abandonaron la oficina, menos “Quillo”. Desde allí, le escribió un segundo mensaje de texto a Sofía Vidal:

Débora? Vaya nombre el que se te ha ocurrido.

<<Jaja>>, respondió ella.

Su teléfono volvió a sonar. Era Rubiales.

—¿Qué pasa, “Quillo”? Ponme con Julen.

—No puedo, “Presi”… Justo en este instante Julen les está contando la noticia a los jugadores. No sabemos qué ha pasado, pero el Madrid ya publicó el comunicado en su página.

Rubiales cerró los ojos con fuerza y se refregó con una mano las cejas, la frente y, finalmente, la calva. <<Pero qué hijos de puta>>, murmuró con furia. <<¡Qué cabrones hijos de puta!>>.

Florentino, desde su despacho en ACS, se dejó caer en la silla de su escritorio. Miró la pantalla del computador, donde se veía publicado el comunicado del Madrid. <<Esto se va a convertir en una guerra contra mí>>, musitó resignado. Entonces recordó a Manuela y lo último que ella le dijo, disgustada, cuando lo visitó en aquella misma oficina, el viernes anterior.

***

“Su problema es Cristiano”

(Lectura estimada: 3 min 19 s)

Madrid, viernes 8 de junio

La Mánager entró al despacho de Florentino, en las oficinas de ACS. Alcanzó a sorprenderse con la vista que tenía el Presidente del Madrid desde aquel lugar: a través de un ventanal, podían contemplarse los cuatro edificios más altos de Madrid, uno al lado del otro. Era como un cuadro enorme colgado en la pared. Esa fue la intención de Florentino cuando escogió oficina. Para él, aquel grupo de torres representaba una de sus “obras de arte” más preciadas. Parecían Copas de Europa exhibidas en una vitrina. Significaban poder.

Los cuatro edificios habían sido levantados en el mismo lugar donde entrenaron por décadas los jugadores del Madrid. Florentino (a principios de siglo) logró que los políticos locales autorizaran la recalificación de esos terrenos, que estaban destinados exclusivamente a actividades deportivas, y así se permitió la futura construcción del complejo empresarial que ahora se elevaba hasta los 250 metros de altura.

El negocio de Florentino fue redondo: con la recalificación, multiplicó el valor de los terrenos, el club los vendió y se llenó los bolsillos con millones de euros para financiar a los “galácticos” de la época. Pero además, el grupo empresarial de Florentino también se llevó una tajada, participando en la construcción de las torres.

—Buenos días —saludó Florentino con un aire de arrogancia.

Manuela sabía que este encuentro significaba para Florentino una revancha. La vez pasada se habían reunido en la casa de ella y él se sintió maltratado. Ahora estaban en un territorio controlado por el Presidente del Madrid.

—Buenos días —correspondió ella sin sentirse menos.

Aparte de esas dos palabras, no hubo ni un apretón de manos. A duras penas Florentino hizo un gesto para invitarla a sentarse.

—Vengo a darle una idea. Únicamente eso he venido a ofrecerle: una idea —expuso la Mánager tras tomar asiento—. Y a cambio de esa idea, me gustaría que empezara a cooperar con nuestra causa.

—¿Cuál causa? —preguntó Florentino con displicencia—. ¿La de la “unidad de España”? Pero si usted ni siquiera es de este país. Yo no he terminado de entender qué hace usted acá.

—Lo sabe muy bien, señor. La Corona me ha pedido trabajar en favor de la unidad de España o, lo que es igual, en contra del independentismo catalán. Bien pueda y quéjese con el Rey, si no le gusta la elección que ha hecho.

—Pero si don Juan Carlos ya no es… Bueno, en fin… —Florentino se detuvo. Quería terminar esa conversación muy pronto, por lo que no le convenía polemizar con Manuela—. Dígame su idea y acabemos con esto.

—Tengo entendido que, en este momento, su mayor problema se llama Cristiano. Si la información que me han dado es correcta, usted no sabe cómo pasar la página de quien sigue siendo su máxima estrella. Cristiano es el más reciente Balón de Oro, el único futbolista que le sigue quitando títulos a Messi y al Barça., pero le queda poco futuro y ese es su problema: usted quiere hacer la transición hacia una nueva era, con un nuevo jugador que tenga más futuro que pasado, pero Cristiano no le deja dar ese paso, porque se ha empeñado en seguir vigente hasta el último segundo, y de paso le pide más dinero. Lo que usted no quiere es esperar a que Cristiano deje de ser Cristiano. No. Usted quiere adelantarse para darle paso a la nueva superestrella, quienquiera que sea, pero su actual jugador franquicia estorba el proceso.

—¿Con quién coño ha estado hablando? —preguntó enfadado Florentino. Alguien del mismo club debía haberle filtrado semejante diagnóstico, en palabras que él mismo había usado alguna vez.

—¿En serio esa es su pregunta? —se burló Manuela—. Lo que de verdad debería causarle intriga es la idea que he venido a traerle para que solucione este problema.

—Vamos, que no estoy para juegos. Dígalo de una vez y váyase de aquí.

Julen ya “jubiló” a Íker

(Lectura estimada: 2 min 6 s)

—El entrenador de la Selección Española —soltó Manuela sin más rodeos—. ¿Conoce a alguien mejor que sea capaz de jubilar a una leyenda del fútbol?

Por unos segundos Florentino olvidó su antipatía hacia aquella mujer y la escuchó con atención.

—Julen —prosiguió ella— fue el tipo que dejó en la grada al futbolista español con más partidos en la historia de la Selección, al capitán que ha levantado la única Copa del Mundo que se ha ganado este país. Fue Julen quien dejó a Íker viendo el Mundial desde un televisor, y sin que se hiciera mayor escándalo. Claro, hubo ruido, pero duró poco. Nadie extraña hoy a Íker en el equipo.

Florentino se quedó viéndola con el ceño fruncido. Le enojó, y mucho, que nadie más le hubiera venido con una idea como esa. Le irritó, sobre todo, que no se le hubiera ocurrido a él.

—¿Y usted cree que no lo he pensado antes? Julen ya está entre las opciones que contemplamos —mintió Florentino.

Manuela se rió de él.

—Por supuesto que no ha estado entre sus opciones —lo contradijo ella—… Yo misma le pregunté a Julen ayer, antes de que salieran para Rusia, si le interesaba la idea de ser entrenador del Madrid. Le dije que yo podía hacerlo posible. Por la cara de emoción que hizo, fue evidente que era la primera vez que oía del tema.

Florentino decidió no seguir con el bluf.

—Bueno…, ¿y qué más da que sea una idea suya? Si es que de verdad me llegara a interesar, no la necesito a usted. Puedo, perfectamente, llamar a Julen a hacerle una oferta yo.

—Sé que eso es lo que va a hacer. No necesito ni quiero ser intermediaria. Solo vine a traerle esta idea y a cambio espero algo.

El Presidente del Madrid revolvió los ojos.

—A ver, a ver, dígalo de una vez. ¿Qué es lo que quiere?

—“Queremos” —respondió Manuela—… Lo que “queremos” es que sea Ramos quien cobre los penaltis en el Mundial. La verdad es que esto se lo pedimos a Julen, pero él le da demasiada importancia a su “independencia” en los asuntos deportivos de la Selección y está empecinado en que sea Silva quien cobre los penaltis. Yo, personalmente, intenté persuadirlo de lo importante que es la figura de Ramos para la unidad de España. Él sabe que Ramos es el héroe en el que queremos centrar la atención para avanzar en una campaña de reconciliación en un país que vive fracturado.

“Soy muy rencorosa”

(Lectura estimada: 2 min 23 s)

—¿Sabe qué es lo que más me molesta de usted? —confesó Florentino con amargura—. Que hable en nombre de la Corona, que diga en primera persona “queremos”, como si fuera de la mismísima realeza, cuando en realidad es… usted es una extranjera del tercer mundo que poco o nada tiene que ver con nosotros, los españoles.

—Florentino, eso puede discutirlo con el Rey —dijo la Mánager, sin sentirse ofendida y en un tono que le restaba importancia al debate—. Hablo en nombre de ellos, porque ellos así lo quieren. No pierda de vista lo importante: esto le conviene a usted, al Madrid. ¿Cómo no les va a beneficiar que perfilemos como el jugador del año al capitán de su club? ¿Cómo no les va a interesar que el próximo Balón de Oro siga siendo del Madrid, pero no de Cristiano? Así evitan que Cristiano tenga un nuevo motivo, otro trofeo, para exigir más.

—Pues tampoco me parece tan buena idea. ¿Voy a quitarle el protagonismo a Cristiano, porque tiene 33 años, para dárselo a Ramos, que tiene 32? A mí me suena a que voy a cambiar un problema por otro. Al año siguiente Ramos va a sentirse endiosado y me estará exigiendo que le suba el contrato.

—Usted sabe que Ramos no es como Cristiano —replicó Manuela—. Por supuesto, no se trata de convertirlo en su jugador más importante en términos comerciales, pero sí puede servirle de transición.

—Bueno, bueno… Acláreme una cosa: ¿exactamente qué pretende que yo haga a cambio de esta “genial” idea de traerme a Julen como entrenador?

—Que le pida a Julen una cosa: que sea Ramos quien tire los penales en la Selección.

Florentino se rió.

—Usted está leyendo demasiada prensa deportiva. Yo no le digo ni al entrenador del Madrid quién debe cobrar los penaltis, mucho menos le voy a pedir eso al técnico de la Selección.

Manuela empezó a perder la paciencia.

—Por favor… —dijo ella desafiante—, no me haga tomar medidas extremas. Lo necesitamos a usted de este lado.

Florentino, lejos de sentirse intimidado, la provocó más.

—Pues así son las cosas. Fíjese que me parece fabulosa la idea de traerme a Julen al Madrid. Lo llamaré ahora mismo. Y a cambio de esta amable recomendación que usted ha venido a hacerme, no le daré nada a cambio. No haré nada de lo que usted me pide. Ni de riesgo. Tome las “medidas extremas” que le vengan en gana.

Manuela lo miró a los ojos con la inexpresividad de un felino que acecha a su presa. Se puso de pie sin sobresalto y le lanzó unas palabras que sonaron a maldición.

—Tengo un gran defecto, Florentino. Soy muy rencorosa. —E insistió—. Soy muy rencorosa. Puedo hacer que esto les salga muy mal… Voy a hacer que esto le salga, a usted, muy mal.

***

La condición a Hierro

(Lectura estimada: 2 min 11 s)

Krasnodar, martes 12 de junio

—Van a echar a Julen —le adelantó “Quillo” a Hierro, el director deportivo de la Federación Española.

Caminaban alrededor de uno de los campos de entrenamiento. Ya había oscurecido. Unos reflectores los iluminaban y alargaban sus sombras sobre el césped.

—¿Te lo ha confirmado Rubiales?

—Me lo ha confirmado Rubiales.

Hierro hizo cara de tragedia.

—Joder… No me lo puedo creer… El Mundial empieza ya… Esto es una mierda.

—Rubiales tiene casi decidido que Albert será el reemplazo —añadió “Quillo”.

Hierro abrió los ojos y resopló. Procesaba en voz alta si esa elección era, o no, una buena idea.

—Vamos… pues dadas las circunstancias, tiene sentido porque ha estado cerca del proceso —meditó Hierro—, y a futuro le puede dar continuidad… Pero… macho, una cosa es ser seleccionador de la Sub-21 y otra es dirigir una plantilla de estrellas y veteranos como esta. Se requiere cierto tipo de … autoridad, de peso. No digo que Albert no tenga autoridad, pero no sé si los jugadores respeten lo suficiente su figura y su mando.

“Quillo” dejó que Hierro le diera vueltas al asunto por unos segundos.

—¿Y tú?

—¿Y yo qué? —repreguntó Hierro.

—¿Qué piensas de que tú puedas ser el entrenador? Estás en las quinielas.

—Pues no veo a Rubiales poniéndome a dirigir la Selección. Empezando porque yo fui contratado por su rival en las elecciones de la Federación. No creo que le haga mucha gracia ponerme, cuando puede que me vea como una ficha de otro. Además, apenas he entrenado a un equipo de segunda división. Esos saltos estratosféricos, pasando de un equipo menor a una selección nacional, y a dos días del Mundial…, vamos, que solo ocurren en las series estas de Netflix.

“Quillo” se detuvo. Hierro no se dio cuenta y dio un par de pasos más antes de girarse para buscarlo.

—Hay una posibilidad real de que tú seas el seleccionador —le dijo “Quillo”.

Hierro hizo cara de no entender. Regresó y se puso frente a frente. “Quillo” prosiguió:

—Digamos que hay… hay unas fuerzas políticas interesadas en el devenir de la Selección. Esas fuerzas políticas tienen una alta influencia sobre Rubiales, porque lo ayudaron a ganar la elección en la Federación. Tú puedes ser el Seleccionador si tan solo te comprometes con una cosa.

El hasta entonces director deportivo de la Federación se echó un poco hacia atrás. Arrugó la frente y entrecerró los párpados en señal de profunda desconfianza. Con un ligero movimiento de su cabeza, le preguntó a “Quillo” sin pronunciar palabra: <<¿Qué cosa?>>.

—Ramos tiene que ser el que cobre los penaltis.

 

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